No digas nada,
vacíate,
desnuda tus ojos,
entrégate al silencio y su débil melodía.
Nuestra piel es una luna de atmósfera quieta,
carne que sueña;
su espacio es otro cuerpo y su lenguaje otra lengua.
Juntos estamos a la orilla de nuestras sombras,
sin tiempo y sin nombre
Tus labios son un escarlata acento en lo oscuro,
nuestro idioma es un acto tibio.
La saliva se torna erógena.
Eres tu tacto, eres tu suspiro,
tu cuerpo entero, una ermita de apetito.
Eres una delgada línea
que cruzo
y entro
en la noche que eres.
Me pierdo
en el temperamento de tu sangre,
en el deslumbrante sabor de tu goce.
Dialéctica afrodisiaca.
Pedazos de noche.
El jadeante milagro de un espasmo.
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