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Luna rosa

 




Aquí donde el tiempo suspende

 y las llamas se elevan

 cuando las roza el viento, 

mientras los árboles danzan

 con sus sombras y ramas

que abren la carne que gime y ansia, 

 aquí yo te encuentro. 




Ungida fui en leche amarga de rosas 

ahogada por las savias oleosas 

que espiran sobre las brasas del cuerpo, 

especias que sangran

 cuando la hiedra sagrada 

copula del lado contrario 

al oriente del templo, 

 al sol purpúreo. 




Me uní a aquellos cuerpos jadeantes 

que con sus lenguas errantes 

laceraron los huesos, 

mientras los labios danzaban

 perdidos entre la vid y la zarza, 

 de la vulva sacra. 




Aquí el fuego que azora 

a las aguas de la luna insidiosa 

en quienes se hunde el ente cabrío, 

espinas que rasgan 

al cordero que emana 

de la diástole el suspiro, 

                                 de donde emergen los ciclos.

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