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Como un explorador



Tu cuerpo será para mi boca lo que la ciudad es para mis pies. Exploraré tímidamente los lugares no visitados y con firmeza andaré por aquellos que frecuento constantemente, como si fueran solo para mí, como si no fueran para todos los que te descubren cuando no estoy.

Mis labios dejaran sus pasos por tu piel, como pisadas mojadas en concreto seco que están y se van. Quedarán efímeras por tus callejones y avenidas. Marcaré mi ruta diaria sobre ti, con mis dedos la repasaré como quien cuenta las estaciones para su destino frente al mapa del metro.

Me hincare a rezar en tu misa anunciada por el campaneo estruendoso de tu risa, para que después las mías hagan eco en los kioscos de tu alameda, acompañadas de los gritos de venta, los shows improvisadamente planeados. Mis ojos anidarán bajo los balcones de tu mentón, crecerán nuevos y aprenderán a volar.

También me acogerá la confusión en medio del resultado del reacomodo de tus placas del deseo y no sobre ni donde estoy, de donde vine, a donde voy. El miedo me acosará como quien se acerca sin acercarse cuando ande por tus zonas menos iluminadas. Me sentiré minúsculo e indefenso ante tus piernas rascapisos.

Y cansando de tanto andar, de tanto recorrerte, buscaré la acogedora sombra de tus brazos como un perro callejero que caminó una eternidad. 

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