Caminé sobre el desierto
con tu ausencia clavada en la garganta,
con la lengua y la piel seca
rugí ante los pozos de arena.
Sedienta, volví a ser polvo.
Pero tú nunca me dejas...
Me alejaste con tu viento
de las arenas desiertas,
con tu agua y con tu fuego
conformaste
mi corazón y mi rostro.
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