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HABRÉ DE VIVIR


Mi alma es una habitación oscurecida
por el cauce mecánico de los días
dónde apenas una línea de polvo se vislumbra
y la vida es sólo una música de fondo.

Quizás eso basta
para colocar palabras en la nada
y salvarme así de escuchar mis propios latidos.

¿Habré de alimentarme apenas con una gota de sol
para no agostar el brillo de mi sombra?

¿Habré de habitar en la tierra
los residuos de una muerte cotidiana?

Y aunque yo no sepa mi ausencia acomodar
ocuparé mi lugar en la soledad y tendré un nombre,
guardaré en mis labios el sabor del mundo
ya sin la posibilidad de paladear el infinito.

Y entre espejos que envejecen
y ocios descafeinados
conservaré los restos más salvajes de mi aullido.

Habré entonces de hacer nada
sino vagar la taxonomía de las horas y las palabras.

Habré entonces de soltar mi corazón en un suspiro
hasta borrar del vacío toda emergencia.

Entonces
habré de vivir.

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