“Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.”
I
Ayer, cuando salí del trabajo
seguí a una mujer que de espaldas se parecía a ti
Gorda, pelo corto y paso rengo
sin darme cuenta en un sueño
llegue caminando a tu casa
En la jardinera
bajo el árbol de aguacate que planto el abuelo
me puse a llorar
Esta mañana mientras me rasuraba
caí en cuenta que me parezco más a ti
de lo que pensaba
II
La primera vez que viví la muerte fue cuando doña Erminia murió
Estábamos en tu casa cuando nos llegó la noticia
fue hace más de 15 años pero menos de 20
tenía ocho por ese entonces y no entendía nada
La esposa de tu primer varón me abraza mientras me decía
-tu abuelita murió
en el lecho de mi tía encuentre un raro alivio
Hoy también nos visita la muerte
la tuya
tuvimos que abrirle el zaguán
La noche en que llegaste del hospital
abrace a mi tía mientras ella lloraba en mi pecho
la esposa de tu primer varón encontró un mí un raro alivio
Lo entiendo mejor
pero sigo sin entender
III
Tus hijas te velan a sonrisas y besos
pero al cerrar la puerta de la habitación
sus ojos se rompen como un cántaro lleno de agua
que rueda rueda rueda rueda rueda
cae al piso
Tropezamos con la impotencia de no poder hacer nada
ni siquiera llorar
IV
La última vez que vi llorar a mi hermano fue cuando él tenía 19 o 20 años
era llanto de frustración y dolor por un futuro truncado
Hoy lo vi llorar en el quicio de tu cama
tú ya estabas dormida
Tu segundo nieto te acariciaba la frente y la mano
con el mismo amor que besa a su hija
Entre el llorar y no llorar te dice
-Nos volveremos a encontrar
V
Es la mañana siguiente de la noche que llegaste, escribo un whatsapp como para recordar lo vivido y no olvidar el dolor o intentar, al menos, explicármelo a mí mientras se lo digo a alguien más.
Estuvimos todos aquí despiertos
hasta las cuatro y media de la mañana. Muchos se fueron a trabajar sin haber
dormir nada y otros tantos con unas o dos horas de descanso. Todos los demás
nos fuimos a dormir. Mi abuelita sigue dormida, conectada a un regulador de oxígeno,
está cansada y débil. Apenas puede hablar y cuando lo hace es para quejarse de
la comezón y el dolor. A veces tose sangre.
Mi papá lloró cuando la bajaron
de la camilla, no pudo verla así. Se quedó un rato con ella hablando a solas.
Desde que llegamos vi a mi hermano tranquilo, hasta que entramos a despedirnos
de mi abuelita.
A mí me ganó el sentimiento desde
antes que mi abuelita llegará. Primero fue cuando mi papá, mi abuelo y yo estábamos
en el balcón. Ellos hablaban. Mi abuelo decía que en el hospital ya no iban
hacer nada por ella, que no había necesidad de castigarla teniéndola ahí. Luego
no pudo contener la tristeza y el llanto y se puso a llorar "Yo le di todo
a tu suegra, Eduardo, hasta dónde pude, (...) Fue alguien que aporto mucho,
estuvo conmigo en las buenas y en las malas. Cuando no había que comer y paso
necesidades conmigo (...) Intenté darle todo lo que quiso, hasta antes que se
fuera al hospital me pido que le acomodará sus muebles como están ahorita, ‘que
vas a esperar a que muera para moverlos’ me dijo". A esto último pensé que
mi abuelita ya sabía lo que venía.
Ahí fue cuando volví a romperme,
verla en su cama, cansada, drogada. Diciendo levemente y con alivio que estaba
en su casa. Su hija (la de en medio) le acariciaba la cara mientras le decía
que ahí estamos todos sus nietos y nos nombraba a cada uno.
Los hombres más chicos de cada familia, fuimos los que lloramos más, luego estaban tus nietas. Y hasta que todo ya estaba más tranquilo, fueron sus hijas y su nuera. Ya por la madrugada todos bromeamos y hablamos con tranquilidad, al final es una alegría estar con la familia ¿no?
VI
En tu cuarto hay
quejidos
lamentos
el leve motor que trabaja sin descanso
y a veces también hay silencio
En nuestros corazones hay
quejidos
lamentos
remamiento
dudas
y a veces hay calma también
VII
Mientras tú te vas en una lucha innecesaria por seguir con nosotros
tu marido te mira en calma y agradecido
en las paredes de su habitación cuelgan los cuadros de la vida que dejas
de los recuerdos que Cireneo se queda
Hoy mientras desayunábamos vi que le temblaban las manos
al tomar su café
Todos debemos ser fuerte frente a ti y frente a él
porque aun que tú ya no lo recordarás luego
VII
Aunque tú te vayas se quedará el amor que sembraste
Estará en el beso de mi madre y en su voz
en la risa de mi sobrina
Con tus fuerzas también se van las de mis ojos para no llorar mientras te escribo
Comentarios
Publicar un comentario