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EL TEMBLOR DE LA RAMA


“Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.”

¡Maldito el que crea que esto es un poema!

- Jaime Sabines.



Somewhere in these eyes
I'm on your side

- Bleach House.

I

Ayer, cuando salí del trabajo
seguí a una mujer que de espaldas se parecía a ti

Gorda, pelo corto y paso rengo
sin darme cuenta en un sueño
                 llegue caminando a tu casa
En la jardinera
bajo el árbol de aguacate que planto el abuelo
me puse a llorar


Esta mañana mientras me rasuraba
caí en cuenta que me parezco más a ti
de lo que pensaba


II

La primera vez que viví la muerte fue cuando doña Erminia murió

Estábamos en tu casa cuando nos llegó la noticia
fue hace más de 15 años pero menos de 20
                               tenía ocho por ese entonces y no entendía nada
La esposa de tu primer varón me abraza mientras me decía
                                                                            -tu abuelita murió
en el lecho de mi tía encuentre un raro alivio

Hoy también nos visita la muerte
                                      la tuya
tuvimos que abrirle el zaguán

La noche en que llegaste del hospital
abrace a mi tía mientras ella lloraba en mi pecho
la esposa de tu primer varón encontró un mí un raro alivio

Lo entiendo mejor
pero sigo sin entender


III

Tus hijas te velan a sonrisas y besos
pero al cerrar la puerta de la habitación
sus ojos se rompen como un cántaro lleno de agua
que rueda rueda rueda rueda rueda
                                                                cae al piso

Tropezamos con la impotencia de no poder hacer nada
ni siquiera llorar


IV

La última vez que vi llorar a mi hermano fue cuando él tenía 19 o 20 años
era llanto de frustración y dolor por un futuro truncado

Hoy lo vi llorar en el quicio de tu cama
                            tú ya estabas dormida

Tu segundo nieto te acariciaba la frente y la mano
con el mismo amor que besa a su hija
Entre el llorar y no llorar te dice
                                                 -Nos volveremos a encontrar

V

Es la mañana siguiente de la noche que llegaste, escribo un whatsapp como para recordar lo vivido y no olvidar el dolor o intentar, al menos, explicármelo a mí mientras se lo digo a alguien más.


Estuvimos todos aquí despiertos hasta las cuatro y media de la mañana. Muchos se fueron a trabajar sin haber dormir nada y otros tantos con unas o dos horas de descanso. Todos los demás nos fuimos a dormir. Mi abuelita sigue dormida, conectada a un regulador de oxígeno, está cansada y débil. Apenas puede hablar y cuando lo hace es para quejarse de la comezón y el dolor. A veces tose sangre.

Mi papá lloró cuando la bajaron de la camilla, no pudo verla así. Se quedó un rato con ella hablando a solas. Desde que llegamos vi a mi hermano tranquilo, hasta que entramos a despedirnos de mi abuelita.

A mí me ganó el sentimiento desde antes que mi abuelita llegará. Primero fue cuando mi papá, mi abuelo y yo estábamos en el balcón. Ellos hablaban. Mi abuelo decía que en el hospital ya no iban hacer nada por ella, que no había necesidad de castigarla teniéndola ahí. Luego no pudo contener la tristeza y el llanto y se puso a llorar "Yo le di todo a tu suegra, Eduardo, hasta dónde pude, (...) Fue alguien que aporto mucho, estuvo conmigo en las buenas y en las malas. Cuando no había que comer y paso necesidades conmigo (...) Intenté darle todo lo que quiso, hasta antes que se fuera al hospital me pido que le acomodará sus muebles como están ahorita, ‘que vas a esperar a que muera para moverlos’ me dijo". A esto último pensé que mi abuelita ya sabía lo que venía.

Ahí fue cuando volví a romperme, verla en su cama, cansada, drogada. Diciendo levemente y con alivio que estaba en su casa. Su hija (la de en medio) le acariciaba la cara mientras le decía que ahí estamos todos sus nietos y nos nombraba a cada uno.

Los hombres más chicos de cada familia, fuimos los que lloramos más, luego estaban tus nietas. Y hasta que todo ya estaba más tranquilo, fueron sus hijas y su nuera. Ya por la madrugada todos bromeamos y hablamos con tranquilidad, al final es una alegría estar con la familia ¿no?


VI

En tu cuarto hay
quejidos
lamentos
el leve motor que trabaja sin descanso
                                                   y a veces también hay silencio

En nuestros corazones hay
quejidos
lamentos
remamiento
dudas
                                                   y a veces hay calma también

VII

Mientras tú te vas en una lucha innecesaria por seguir con nosotros
tu marido te mira en  calma y agradecido
en las paredes de su habitación cuelgan los cuadros de la vida que dejas
de los recuerdos que Cireneo se queda

Hoy mientras desayunábamos vi que le temblaban las manos
al tomar su café
Todos debemos ser fuerte frente a ti y frente a él
porque aun que tú ya no lo recordarás luego


VII

Aunque tú te vayas se quedará el amor que sembraste
Estará en el beso de mi madre y en su voz
en la risa de mi sobrina

Con tus fuerzas también se van las de mis ojos para no llorar mientras te escribo

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