Las ratas ignoran que viven en México, pero nosotros, poetas de cloaca, lo padecemos en los huesos. Nuestro pan de cada noche son las riñas: rumba acelerada con sabor a caña. Nuestro submundo el metro, las aceras, las caguamas banqueteras, los versos clandestinos, los cuartos de azotea. Hacemos de la poesía una borrachera metafísica y de la borrachera una vida y de la vida un poema jodido, prieto y mal hablado: —¡Mejor ponte a trabajar, pinche viejo mariguano! Traemos rabia en la tinta, en las venas una genética analfabeta. No nacimos para ganar o perder simplemente, nacimos, y ya. Aquí andamos, nomás, en el nido de un águila enferma, corazón de cactus ponzoñoso. Charros beatnik, mexi-malditos, escribiendo versos de cochambre desde una cama con olor a trasnochado, con el alma rayoneada como butaca de escuela secundaria. Los poetas de cloaca aquí presentes: No queremos premios ni reconocimientos queremos una pelea callejera con la muerte. No queremos fama ni amor ni dinero queremos vivi...